Tuesday, March 28, 2006

Después de reflexionar sobre la esencia de la vida, y sin asumir poses de filósofo trascendental, he llegado a la conclusión que esa esencia es la alegría. Y no dudo que la mejor expresión de la alegría es una fiesta. Por eso quiero invitar a todos los que tengan la amabilidad y la paciencia de leer este post que vivan intensamente, disfrutando cada instante, como si cada día nuevo fuera un motivo para celebrar. No olvidemos que podría ser el último. Nada ni nadie nos garantiza una existencia de muchos años. Por eso, a todos y todas, los invito a que alcen su copa y brinden por la vida. La única que tenemos. La única para vibrar interiormente gracias a nuestros sentidos.

Alguien no está de acuerdo? Está bien. No hay por qué discutir. Lo importante es que cada quien se fije una meta y trate de conseguirla. Sin sufrimientos y sin sobresaltos. El camino debe estar rodeado de música y gozo. El sufrimiento y el dolor, si llegan, se deben asimilar como una lección que es necesario aprender, pero que se debe superar.

Por lo pronto, para ser consecuente con el título de este post y el nombre del blog -es obvio que lo tomé de la famosa canción de Celia Cruz-, a divertirse. Traten de ser amables con todos y no se dejen amargar por las actitudes ni las palabras de otras personas. Traten de aplicar las palabras que, según un amigo, son una regla de vida de su padre: "a mi no me ofende ni el que quiere ni el que puede, sino aquel a quien yo se lo permito". Entonces, no le demos ese permiso a ninguno. No arriesguemos nuestro equilibrio emocional y nuestro gozo. ¡¡Salud!!